Las once y once
"La vida sólo puede ser comprendida mirando para atrás... Mas sólo puede ser vivida mirando para adelante." (Soren Kierkegaard)
jueves 8 de diciembre de 2011
No tienes nada de santa
jueves 24 de noviembre de 2011
De Reencuentros y Serendipity
Bendijo la
hora y el lugar de hace seis años. Aquella mañana, sin embargo, cambió el miedo
de no conocer nunca a alguien así, por otro mucho mayor: el de no volver
encontrase nunca de nuevo. Por eso se felicitó por la osadía de haber escrito
aquel mensaje en un papelito y por el tino de haber usado a la azafata como
celestina. La escala que les tocó compartir fue suficiente solo para aprenderse
los nombres y las miradas, jamás iba a dar el tiempo para aprenderse el olor de
sus cuellos, el compás de sus respiraciones, o la temperatura de los dedos
recorriendo sus pechos. Apenas se habían conocido y ya había que despedirse.
Este era el famoso punto único en el que dos líneas perpendiculares podían
tocarse, y ya se había borrado.
Al cabo de
diez minutos sintió que la separación se le hacía eterna. El reloj, consciente
del poder de sus manecillas que disolvían pasiones y maduraban sentimientos, se ensañó con el afán de este loco por querer detener el
tiempo y violar sus leyes, por eso aquellos diez minutos que le habían parecido
interminables, los terminó repitiendo trescientos quince mil veces. Pero en ese
momento, decidió que iba a volver atrás, para decirle que no podía respirar sin
suspiros, que sentía su pecho romperse, que ya nunca iba a ser el mismo. Empezó
a recorrer el pasillo que lo llevaría al reencuentro, primero caminando, luego
corriendo, tratando de que sus latidos fueran más poderosos que aquel maldito tictac.
Pero en un extraño momento de razón, entendió que no iba a llegar a tiempo, por
eso tuvo que desandar sus pasos mientras se preguntaba dónde había quedado su
cordura.
Ante
aquella sobrecogedora sensación de saberse en el lugar correcto, a la hora
correcta y al lado de la persona correcta, quiso llorar de alegría, gritarle al
mundo que se sentía vivo, correr por aquellas calles que no conocía, avisarles a
todos que esta vez no lo despertaran. Aquel punto de llegada, de repente se había convertido
en un punto de partida.viernes 11 de noviembre de 2011
Tornado Trastornado
Llamo a recepción. “Good evening, Marriott Spring Hill Suites, this is Shaniqua, how may I help you Mr. Castrou”. Le pregunto a la tipa que qué se hace en caso de tornado en este lugar. ”¿Cómo? No entiendo” me dice en inglés. "Tú sí entiendes, no te me hagas la loca, que para dónde coge uno, que como uno sabe si está durmiendo si tiene que levantarse y correr”. La tal Shaniqua me escuchaba con incredulidad, como si fuera un tipo con acento latino y en tono de desesperación que la estuviera llamando a las 3 de la mañana. “Mira, ponme a una gente grande hazme el favor” (o su equivalente jerárquico). Una supervisora, o ahora que lo pienso quizás era la misma Shaniqua fingiendo la voz, me aseguró que ella misma se iba a encargar de que todos los huéspedes fuesen despertados uno por uno en caso de emergencia. Fue su tono ficticio y condescendiente el que me preocupó, o acaso el fatal, apocalíptico, dramático y masoquista que vive (y crece) dentro de mí se puso en alerta. Volví a prender la TV y esta vez subieron la alerta de "tornado watch" a "tornado warning". Pero qué vaina es esta. "Señor, dame un final digno, no a esta hora y en este campo, please."
11-11-11, 11:11
Hace un año y medio dejé de publicar este blog. No significa que dejé de escribir, igual escribía antes del blog y lo he seguido haciendo durante todo este tiempo, pero no he vuelto a publicar. Mis razones he tenido, muy personales, pero ya no son válidas, así que de vuelta a la carga. Hay quienes se toman un sabático para poder luego publicar sus escritos, yo me tomé este 'domingático' para dejar de publicar. En el ínterin han nacido personajes e historias que ahora habitan en la prisión de mis cajones y mi disco duro. Es decir que quien "cucutee" entre mis cosas cuando yo ya no esté va a dar una gozada del carajo.
Y si la vida me daba temas para escribir, en estos meses me ha dado material para publicar una enciclopedia de mi vida. Nunca me había sometido a tantos cambios juntos, nunca había tenido tanto tiempo a solas conmigo mismo, nunca había sentido tanta necesidad de expresarme, pero volver al blog no era tan fácil, aún con tantas personas que lo pedían tanto como yo lo necesitaba. Publicar se hacía un compromiso cada vez más difícil de cumplir, más exigente. Y me pasaba como cuando uno tiene mucho tiempo sin ver a un amigo, que no sabe cómo abordarlo, cómo reiniciar el contacto, y espera un momento especial para hacer una entrada con efectos especiales, pero mientras tanto va dejando que pase el tiempo y no lo ha llamado.
No tengo una propuesta innovadora. No vengo con una serie de artículos sobre temas específicos. No traigo profundidad, ni tampoco vengo en una honda de humor. El whatever y el vainismo van a ser el estilo predominante, eso lo puedo asegurar. Y sobre todo, no vengo a complacer peticiones. Si me da con escribir sobre visiones apocalípticas, o sobre el bigotito que tiene la tipa amargada que se sienta frente a mi oficina, da igual, eso fue lo que se pescó ese día, y hay que comérselo con yuca. Si estoy en mal de amores o feliz con la vida, eso es lo que hay, capisce?
Así que, sin más preámbulos, 564 días más tarde, el día 11 del mes 11 del año 11, arrancamos de nuevo. Decía abuela que "el que espera lo mucho, espera lo poco". Así que ahora esperemos que aquí en Texas sean las 11 y 11 de la noche...
lunes 26 de abril de 2010
De Números y Sueños
Si se pone uno a pensar, las fechas de nacimientos de siete personas vivas y dos muertos, sus edades, los números de sus placas, de sus cédulas, esos mismos números volteados, sumados y combinados de todas las maneras posibles, nos darán de alguna manera los números del uno al cien, de modo que siempre habrá algo que lamentar.
Con el tiempo, la lotería de los domingos pasó a celebrarse también los miércoles, luego vino la loto de los sábados, y muchas otras tantas maneras de hacerse rico en un maravilloso vuelco de la fortuna, como el famoso Palé (dos números que deben salir, disminuyendo cien veces la probabilidad de ocurrencia del evento), pero la de los domingos es la tradición en mi familia. Una tradición que mami y Consuelo mantienen, heredada de mi abuela Elisa, jugadora empedernida de lotería mientras vivió.
Hace algunos años le explicaba yo a mis alumnos de estadística la teoría de las probabilidades, y por pura diversión hacíamos el ejercicio de calcular la esperanza matemática de los juegos de azar, entre ellos la ruleta del casino y por supuesto, la lotería. El resultado era evidente e iluminador, y en una ocasión una alumna me pregunta: “Pero si está tan claro que no hay ganancia en esos juegos, ¿cómo es que la gente sigue jugando?” Y yo le respondí que a los sueños y las ilusiones no se les puede aplicar ninguna fórmula matemática. De hecho, mi tío, que es doctor en Estadística, le explicó infructuosamente a mi abuela sobre esto, pero para ella el ignorante era él, supongo yo.
Abuela jugaba con religiosidad, pero a la vez estaba convencida de que había trampa, siempre la había. Por eso aprendimos los conceptos de los números “orejeados” (dícese de un número que va a salir el domingo, pero el funcionario de turno se lo comunica a algunos de los suyos y la voz se riega), y también conocimos la frustración de cuando un número era “recogido” (o sea, no aparecía por ninguna parte y eso era señal de que iba a salir seguro). Cuando el número recogido era el 37, o sea, su número “abonado”, la rabia era mucho mayor. “Son unos tramposos”, insistía abuela, y llegó a asegurar que Tatá ‘Peluca’, la administradora de la lotería en cierta época, guardaba los números ganadores en su cabellera postiza y los sacaba a la hora señalada. Cuando pusieron ciegos (y aparte con los ojos vendados) a sacar los bolos del bombo, ella aseguraba que primero metían los números ganadores en la nevera, y por el tacto seleccionaban los ganadores que estaban fríos al tacto. Y seguía jugando.Y si empiezo a hablar de la interpretación de los sueños, no acabo nunca. De hecho, Consuelo es una experta “arreglando” sueños. Yo que he tenido una racha imparable de sueños en este año, tuve que empezar a ocultarlos, no a contarlos como se me ha enseñado, porque la pobre iba a quebrar bajo la creencia de que Dios me estaba usando y que mis sueños eran un don para ayudar a los pobres (o sea, ella). Yo en un carro era el 64 (el hombre 6 y el carro 4), yo en un avión en el asiento número 4 era el 47 (el asiento 4 y el avión 7, o el 67, o el 46, o cualquiera de ellos al revés). La culebra y el río son el 8, la mujer es el 9, y así por el estilo. Me queda claro que soñarse con una boda es anuncio de muerte, y viceversa, y que el peor sueño del mundo es que a alguien se le caigan los dientes. Si eso sucede, una gran desgracia se cierne sobre la familia.
Pero es que aún cuando no hay sueños, la gran desgracia es que se sigue jugando, gastando, soñando, esperando, y pasan los años sin ver el gran día de sacarse el premio mayor.
Algunas anécdotas en especial deben ser mencionadas, como es el caso del “Palé Bíblico”: Cuando me iba a vivir a Arizona, mi mamá me recordaba con insistencia que si me sentía asustado rezara el Salmo 23, y que si necesitaba fuerzas, rezara el Salmo 91. “El 23 y el 91”, me insistía, hasta que llegó el día de mi partida. Consuelo, al escuchar una vez más que mi mamá me decía “recuérdate, el 23 y el 91”, salió a jugar el palé de estos dos números, indignada porque su compañera de vicio no le había pasado la información de esos dos números que tenía orejeados. Ella no ganó nada, y yo hasta el día de hoy disfruto de las ganancias que me han dado ambos Salmos.
También debe quedar registrado para la historia que el día que enterramos a abuelo, yo traje a mi abuela a la casa desde el cementerio. En el breve espacio de tiempo que tenía antes de que llegara el tropel de gente a la casa, interrumpió su llanto para hacer una llamada telefónica y pedir que le anotaran 20 pesos al 6 y el 83, o sea, el día que abuelo murió y la edad que tenía. Cerró el teléfono y siguió llorando, y dentro de mi dolor yo supe que abuela iba a estar bien. Bendita lotería que la conectaba de nuevo con la vida.
Nunca supe qué haría abuela con el dinero del premio mayor, si es que éste llegaba alguna vez. Mi mamá es más clara, ella tiene ya planes concretos de lo que va a hacer el día que le pegue al primer premio, o acaso con los millones del sus tres lotos (uno de las fechas de los vivos, otro de los muertos, y otro aleatorio). Pero nadie le hace oposición, y la vemos los domingos en la mañana bajar con Consuelo al pueblo a buscar los números a donde su billetero favorito, como lo habrá hecho ayer.
Pero ya faltan solo seis días para el domingo, y aunque mi mamá estará de viaje, sabemos que Consuelo tiene instrucciones específicas de jugar los números abonados, y puede que esta vez la cosa cambie, puede que este domingo seamos millonarios, porque a los sueños y las ilusiones no se les puede aplicar ninguna fórmula matemática.
viernes 12 de febrero de 2010
Ya Sé Qué Hora Es
Desde el último día del año pasado he estado paralizado de miedo, léase, he tocado el teclado pero no así el blog. Ahora que me asomo a él por vergüenza lo veo como un lugar desconocido, me siento fuera de sitio, no sé quién ha escrito todo eso que veo aquí.
Hace rato que me he deshecho de la peculiar obsesión de escribirlo todo, y de repente me encuentro, tras cientocuatro días de ¨silencio¨ en el medio de dos yo: uno que se expresa y se revela (y se rebela), y otro yo manco y mudo que se mira hacia dentro y se desconstruye día a día.
Como resultado de tal silencio, he empezado a soñar todas las noches, y a recordar vívidamente cada uno de los sueños, cosa que nunca me había pasado antes. Tengo mas de dos meses soñando sin cesar, me levanto con historias raras en la cabeza, algunas dignas de ser contadas, en las que personas conocidas y personajes de mi mente se funden en un mundo que solo yo conozco, pero de mi mente a mis dedos se rompió, aparentemente, el puente por el cual cruzan las ideas. Así que calma, el escritor ha estado moribundo, pero el loco creador jamás.
A fin de cuentas ocurrió lo que más temía: Me he quedado sin palabras. A las escritas, me refiero, porque las otras bailan en mi mente y forman oraciones y conjuros contra la falta de memoria. No hay palabras para describir el proceso de una familia amiga que se hundió en un naufragio iniciando el año, ni para expresar la mezcla de desconcierto e impotencia ante las ruinas de Puerto Príncipe la semana siguiente. Quise escribir en ese momento, y no pude, porque a fin de cuentas no hay palabras para explicar que no todo hay que explicarlo, que no quiero explicar nada. Buscando hacia atrás atribuyo a este fatídico inicio de año la introspección de la que he hecho gala, y que mucho bien me ha hecho. Pero no es esa la razón de mi ausencia del blog.
Puedo alegar que la falta de publicaciones se debe a la falta de tiempo y energía, porque llego cansado a casa y mi teclado no e a prueba de baba, ya lo hedicho antes (¿o soñé que lo dije?). El tiempo y las energías los he dedicado a prostituirme en un oficio que no me retribuye proporcionalmente a la dedicación que le pongo, como un mal amor que te deja que te entregues y luego te da la espalda, pero al que no puedes abandonar tan fácilmente.
¿Cuál es, entonces, la razón de mi temporal divorcio con las letras? Es simplemente que hace tiempo que no he visto las 11 y 11 en ningún reloj, y que por ende no me ha visitado la musa. No sé cómo reconstruir el camino que me llevaba hasta ese sitio donde fluyo, hacia esa mágica hora donde soy.
Leí por ahí que "la visualización del 11:11 tiende a ocurrir durante épocas de conciencia elevada, teniendo un efecto poderoso en aquellos que lo ven.
Cada vez que vemos los números 11:11, los bancos de nuestra memoria celular son activados un poco más. Hay una agitación profunda en nuestro interior, una insinuación del recuerdo de algo largamente olvidado. La aparición del 11:11 es una confirmación poderosa de que estamos en la senda correcta, alineados con la Realidad Mayor."

O sea que hay miles de locos en el mundo a quienes les pasa lo mismo que me pasa a mí, o mejor dicho, me pasaba. Y entonces yo no estoy en conciencia elevada, y por lo tanto, no escribo. Bullshit.
Esta es mi droga, esta es mi adicción, y no renunciaré a ella. Este que publica hoy es parte de mi verdadero yo, de mi colección de yoes. y no me da mi regaladísima gana de renunciar a él cada vez que surja cual Mr. Hyde en el momento menos esperado, solo porque la expresión de mi interior no pasa por las manos de la maldita musa para quedar convertida en algo que pueda ser valorado.
No me importa si estas líneas no tienen sentido, si no tienen la carga poética de otras entradas, si no le complacen a alguno que otro crítico que se empeña en seguir leyendo esperando un rasgo de genialidad y metiendo presión para que eso suceda. Estas líneas tienen sentido para mí, porque pude nuevamente golpear el teclado con fuerza, con pasión, y sé que no voy a revisar el contenido cuando acabe, ni la redacción, ni la ortografía, sino que voy a volar, a llenar muchas líneas, a lanzar mis bytes al ciberespacio con coraje, con rebeldía, con el permiso que me doy de ser libre, desinhibido, y quizás incoherente, qué me importa, qué más da.
Quisiera decir que voy a comprometerme a publicar quincenalmente, pero ya eso sería esclavizarme. Lo haré cuando me dé la gana. Y la malditísima musa, que al parecer no le gustó la redecoración de este cuarto donde me siento a escribir, que se vaya por donde vino. No la necesito, porque mis manos tiemblan nuevamente al acercarse al teclado, de nuevo entro en el trance de la escritura, escupo ideas, repaso memorias, reinvento recuerdos, me invento yo mismo y al final solo yo sentiré el placer de darle al botón de send.
Que se vaya la fucking musa al carajo, porque aunque no he visto el reloj, estoy seguro de que nuevamente son las once y once.
miércoles 30 de diciembre de 2009
Despedida de DMN
Ahora piensa abandonarme también este, como lo han hecho tantos otros antes. Debí saberlo desde un principio, para no encariñarme con él. Tanta gente que hablaba mal de él, desde mucho antes de que yo lo conociera, pero yo no les hice caso, y me alegro por ello.Me tomó por sorpresa, cuando vine a fijarme en él ya habían pasado varias semanas de su llegada, y aunque no empezamos con buen pie, poco a poco me fue dando lo mejor de sí (o yo lo fui tomando, que no es lo mismo), de tal modo que estoy seguro de que si llego a olvidarme algún día de él, al menos él no se olvidará de mí.
Me sorprendió tantas veces que perdí la cuenta. Como siempre, me regaló nuevos amigos, pero me alejó de otros. Y aunque ya se va, aún no me conoce, no llegó a ver todo lo que puedo dar. Por eso, acompañándolo en su agonía mortal, le escribo esta lista, medio en serio medio en broma, para que quede testimonio de lo que me dejó:
Estado de Resultados del Sr. Simón De Castro -
- Me quise mucho más, quizás aún no lo suficiente. Traté de hacer más cosas que me gustaran, pero no se me dio. Al menos hice menos cosas de las que no me gustan.
- Pasé la mitad del tiempo llenando mi agenda y la otra mitad tratando de vaciarla.
- Usé muy poco el lado derecho de mi cerebro, mi blog lleno de telarañas es muestra de ello. El lado izquierdo lo usé para ingeniármelas como ingeniero, aunque a estas alturas no sé si me gané la vida o la perdí trabajando.
- Me bañé en tres playas diferentes, pero por primera vez en mucho tiempo, no me bañé en el río (pero me reí en el baño).
- Reafirmé mi definición de felicidad, sabiendo que su costo no debe ser la infelicidad ajena, pero por lo menos, me di más permisos de ser feliz (de tratar de serlo), y de no sentirme avergonzado por ello.
- Estuve descalzo menos tiempo del que me hubiese gustado.
- Traté de crecer equilibradamente, de cultivar cuerpo, mente y espíritu, y al final me quedé equilibrado, pero corto en cada una de una de estas tres patas.
- Me llegué a sentir pequeño al contemplar la ostentación del Duomo de Milán, y muy, muy pequeño al ver la miseria del barrio de Las Cañitas.
- Aunque canté en el carro, en la ducha, en karaokes, y hasta en la oficina, bailé muy poco. La culpa es de los merengueros malos, los locales chiquitos, y del calendario que me cae encima y no me deja trasnochar como antes.
- No encontré el amor, pero ya sé dónde NO está. Agudicé los sentidos en la búsqueda, y vaya si me divertí imaginando cuando llegue y me encuentre acompañado.
- Perdí libras hasta tener que achicar todos mis pantalones en los primeros meses del año, y al final del año encontré las libras perdidas y no tengo ni un pantalón que me sirva.
- Vi sesenta y un películas (fui más al cine que a Misa), pero solo leí siete libros. Compré cinco camisas y regalé once. Fui a cuatro funerales y visité nueve recién nacidos.
- Desaprendí mucho, y ahora tengo más espacio libre en mi memoria, pero no recuerdo para qué lo quería.
- Me di cuenta de que cada vez me basto más a mí mismo, y eso me preocupa. Solo necesito a Madelin, la doña que me limpia y me cocina, y ya. Y bueno, a mi familia, más nadie. Y a mis amigos. Y a mis hermanos de comunidad, y a mis compañeros de trabajo, y a mis vecinos, pero a nadie más.
- Amplié mi mente en vez de profundizar mis conocimientos. Desarrollé tolerancia hasta llegar a tolerar a los intolerantes.
- Me aumentaron… el trabajo. Me ascendieron… el monitor de mi computadora. Fui motivado… a reflexionar. Me reconocieron… a pesar de las gafas y la gorra.
- Me vi menos en el espejo, y ahora me conozco menos que antes, por dentro y por fuera.
- Comprendí que Dios se puso loco conmigo, estoy convencido de eso, pues siento que me dio de tó, y por eso también estoy convencido de que no quiero compartir "tó eso" con alguien que no crea en algo tan evidente y palpable como su presencia.
- Conservé mi sanidad mental. Y yo también. Igual yo.
- Sentí como un puñado de hijuesumadre me fueron jodiendo poco a poco hasta dejarme sin patria, pero me dejaron intacto el patriotismo.
- Pregunté más de lo que respondí. Di menos consejos, pedí menos consejos, y les aconsejo a todos que hagan lo mismo.
- Viajé a doce ciudades internacionales, pero no viajé a mi interior tanto como debí. Estuve en la torre Eiffel y en las cataratas del Niágara, pero me tiré menos al suelo a jugar con mis sobrinos y ahijados. En un mismo día desayuné, comí y cené en tres ciudades diferentes de Europa, pero otro día desayuné, comí y cené solo en mi apartamento.

Ahora, DMN, si estás leyendo esto, puedes irte en paz. Te prometo que mantendré vivo todo lo que me enseñaste, y hablaré de ti a los que vengan después. Puedes morir ya. Debes morir, porque ya empezaron las contracciones del parto de mi esperado DMD. Prepárate, año nuevo, que allá voy…
viernes 11 de diciembre de 2009
El Día que la Tierra se Detuvo
Tenga en cuenta, señor Juez, que el día anterior, los síntomas de histeria colectiva que ya se venían presentando de manera sostenida durante las semanas anteriores, llegó a su punto máximo. Mire usted: Mientras me preparaba para ir al trabajo, me llegó un mensaje al celular: “Vota por Martha al 43657”. Recogí los periódicos de la puerta y en primera plana “Esta noche canta Martha”. Encendí la radio en el carro y adivine de quién se hablaba. Al llegar al trabajo, el tema de pasillo era… Martha.
Fue en ese momento que a mí se me ocurrió la brillante idea de escribir en mi Facebook “Les recuerdo a mis amigos que el mundo existía antes de Martha, déjenme respirar”, y el resultado no se hizo esperar: en menos de tres horas había 46 respuestas, unos dándome la razón y otros, la mayoría, acusándome de insensible, desadaptado social y antipatriótico (porque ahora el amor a la Patria se reducía a votar por Martha), pero no creo, Magistrado, que ese mensaje sea razón de peso suficiente para el crimen del que se me acusa.
En mi defensa debo decir, Señor Juez, que algunas semanas antes, cuando por fin visité a mi amigo Fernando a su casa después de meses de ausencia, no pudimos hablar pues me tocó sentarme a ver la entrega del dichoso LAI y a la Marthita cantando. La semana siguiente, en una reunión de amigos en casa de Víctor, me marché sin que nadie lo notara en el momento en que los quince invitados se pegaron de la tele a ver el escrutinio que haría clasificar a Martha una semana más. La siguiente semana, alguien me canceló una cena “porque Martha canta esta noche, imagínate”. De manera que mi resistencia al fenómeno citado iba cobrando sentido, su Señoría.
Sí, es cierto que años atrás caí rendido ante la primera entrega de “Operación Triunfo”, pero le juro que en esa ocasión a nadie hice daño, ni cambié mi actitud ante la vida, ni perdí la perspectiva, por eso ruego clemencia a esta corte, porque ya sé que todos, en mayor o menor grado, somos presa de la masificación de los medios en algún momento de nuestras vidas, pero yo solo traté de no caer en esta ocasión, y de sobrevivir para que alguien pudiera contar la historia.
Le cuento, señor Magistrado, que en mi niñez existía una versión microscópica de este fenómeno, y tenía lugar a una cuadra de mi casa. Se trataba del Festival de la Voz del Politécnico, en los Jardines, en Santiago. Existía un jurado (el mismo todos los años). Don Apolinar, mi tía Esperanza y doña Mery, eran músicos de profesión y nada tenían que ver con Jon Secada, Mimí y Mediavilla, los actuales jueces del citado LAI (note usted que he visto el programa, ¿eh?). Los concursantes eran también los mismos todos los años. A saber: Marinita, Marcelino, Joselito, Rosanna, y dos o tres más. Y ya se podía prever lo que ocurriría hoy, cuando en el último año del Festival de la Voz se decidió que el público tendría voto a través de sus aplausos, y en base a eso pasaron a la segunda ronda, contra todo pronóstico, Junior el pastelitero y el famoso Mingo, carentes de voz y talento, pero con sobrada popularidad en el barrio.
Gracias a Dios, señor Juez y señores miembros del Jurado, y muy a pesar del zapato que se le salió a Rosanna en medio de la canción “Trataré” de Lissette, ese último festival le sirvió de catapulta a Eddy Herrera, que aún hoy sigue guisando bien. Quizás por eso aquella fórmula siguió vigente a través de los años, en otros vecindarios y ciudades, y luego en la TV con programas como Cuánto Vale el Show y Buscando el Éxito.
Le cuento, señor Magistrado, que una noche de los mediados de los ochenta, Jocelyn la gaga que vivía en la calle de atrás, nos pidió a mis hermanas y a mí que la acompañáramos al festival de la voz de su colegio, y que ella, sin tartamudear, cantó la canción “Amigo” de Charytin y se alzó con la corona ganadora, regresando sin pena ni gloria al vecindario esa misma noche, como si no hubiera pasado nada, por lo que de nuevo mi perspectiva sobre el triunfo y la fama cambió.
Es por eso que les pido clemencia. Aunque me reconozco culpable de haberme ido al cine, de no haber estado en la calle o en algún colmadón, participando en algún sancocho, disfrutando los fuegos artificiales o llorando de emoción con los restantes diez millones de dominicanos que estaban unidos el día que la tierra se detuvo.
Perdone usted, si bien los ciudadanos decentes y los políticos, los chiriperos y los narcos, los religiosos y los ateos, se unieron por una sola noche a hacer lo mismo y yo no estaba con ellos. Perdone usted si por una noche en la historia no se llevaron la luz para que el pueblo disfrutara por unas horas de este opio colectivo que tanto necesitamos, y yo no estaba atento. Perdone usted si el Presidente habló de Martha, tema prioritario de la agenda nacional, y yo no lo escuché.Estoy seguro de que bajó el índice de criminalidad anoche, estoy seguro de que los que se mataron en la Venezuela celebrando el triunfo de Martha, murieron por la Patria, estoy seguro de que se están reescribiendo los libros de historia a partir de ayer. Y yo, señor Juez, me hice el loco, quise ser yo mismo, y no ser un borrego.
Y dijo el señor Juez: “El veredicto es… CULPABLE”
Y dijo el jurado a coro: “BIEN CANTAOOOO”
domingo 6 de diciembre de 2009
Mis Gigantes Favoritos (1): Agustín
A Agustín le tocó impartir Educación de la Fe en segundo de bachillerato, y lidiar con aquellos 90 muchachos con las hormonas revolteadas debe haberlo envejecido prematuramente. Para muestra un botón: en el paseo a los Montones que hicimos aquel año, fueron tantas las travesuras y el desacato, que nos prohibieron tener otro paseo en el tiempo que nos quedaba en el colegio. En el fondo, entendimos que era el merecido precio de una de las gozadas más grande que recordamos. Y en el medio de todo, Agustín con las manos en la cabeza mientras exclamábamos a coro nuestro recién estrenado lema: "Somos unos Salvajes". Qué belleza.
Y de aquel caos, Agustín sacó el mejor partido posible. Lo tomó como un reto, para sacar lo mejor que podía de aquellos salvajes que éramos. Y vaya si lo hizo. Corría el año 1986 y todos esperábamos con ansias la llegada del cometa Halley. Al ser un experto astrónomo, nos fue guiando paso a paso hacia lo que luego sería una de las decepciones más grandes que recuerdo, y de aquello también sacó partido, pues sin darnos cuenta estábamos todos de repente escribiéndole cartas al "Visitante", como le llamábamos a Halley, las cuales echábamos en un buzón y misteriosamente recibían respuesta. Le escribíamos nuestras inquietudes y problemas de adolescentes, y jugábamos a que no sabíamos que era Agustín quien respondía, con su impecable caligrafía Palmer y su bien cuidado lenguaje, suficientemente adulto como para responder de manera adecuada, y suficientemente joven como para conectar con nosotros.
De aquella experiencia a las visitas 'domiciliarias' que le hacía solo bastó un paso. El sabía lo mucho que me gustaban los postres, y la primera vez que me invitó a la casa de su comunidad, lo hizo con el anzuelo de algún dulce que ahora no recuerdo, pero no sin antes entregarme material de lectura, regalarme un par de consejos atinados y enseñarme su sonrisa de oreja a oreja más de una vez. Así se fue adueñando de los corazones de los que luego formamos bajo su tutela el grupo "Ara": Marcos, Rolando, Rafelito, Teresa, Luima, Jocelyn, etc.
Fue en esas visitas que pude encontrar el amigo que buscaba en mi adolescencia, ese que me comprendiera (o que me hiciera creerlo), que me escuchara sin juzgarme, que me acompañara sin controlarme. Tanto en su estudio como en la azotea del colegio encontraba canciones, libros, objetos, o simplemente me sentaba a verlo trabajar mientras le soltaba una que otra pregunta capciosa. La última vez que lo visité aquel año, antes de pasar al tercero de bachillerato, puso un cassette sin decir palabra, como quien no quiere la cosa, la canción decía: "Me han robado el corazón / los muchachos en la escuela / ellos pasan, tú te quedas / algo de ti llevarán". Era su manera callada de decirme que nos iba a extrañar. Tampoco dije nada, pero recuerdo la letra y la melodía hasta el día de hoy.Ya al año siguiente la amistad continuó. Me tocó verle emplearse a fondo en la reconstrucción de la capilla del colegio. El mismo hizo todo el macramé decorativo, y sacó de algún lado un bloque de madera que convirtió poco a poco en una hermosa escultura de la Virgen. Me dejaba observarlo en plena labor, y aún de las cinceladas sacaba sabias enseñanzas que mi mente guarda como tesoros preciados. También en ese año me introdujo al mundo de las computadoras. En aquel momento presumía de tener una "Commodore 64", adelantadísima para la época, y allí por primera vez le puse la mano al artefacto en cuestión.
Hace poco me enteré de que cuando Fidel expulsó a los religiosos de Cuba, se tuvo que esconder y que estuvo en peligro cuando el populacho comunista rodeó al colegio de Santiago de Cuba y los insultaban y amenazaban. Nunca lo contó, porque su humildad y su sencillez no se lo permiten.
Y es que Agustín es de todo: escritor, poeta, dibujante, escultor, scout, astrónomo, informático, sicólogo, enfermero, radioaficionado, contador, hasta le ha tocado ser enterrador, y sabe Dios cuántas cosas más se me quedan fuera. Entre todas las cosas que sabe hacer bien, dejo para el final lo mejor que sabe hacer: Ser un tremendo maestro y un gran hombre de Dios, y como su nombre de religioso lo indica: Hermano. Ese gigante es mi amigo y mi hermano, con minúscula y mayúscula.
Siempre que pienso en él, pienso que lo que más me gusta, lo que quiero imitar, lo que más admiro, y es esa versatilidad, la libertad de sacar el máximo potencial al regalo de estar vivo, de ser todo lo que se puede ser, de dar todo lo que se pueda dar, y de disfrutar en el proceso de esa entrega.
Pasó la época de alumno, y yo seguí enganchado a La Salle todo el tiempo que pude, pero la amistad continuó estos últimos veinticinco años como un puerto seguro al que puedo acudir. Hace unos años lo atacó la leucemia, y en el tratamiento perdió la voz tempralmente. Yo lo visitaba y le hablaba, le contaba, le decía. Y él se limitaba a asentir, a sonreír como tan bien sabe hacerlo, y aún en su silencio, aquel hombre disminuido por la enfermedad me hacía sentir acompañado, querido, seguro.
Y aunque hoy cumple ochenta, sé que tiene en carpeta proyectos para los próximos 40 años, porque siempre hay algo por hacer, alguien a quien ayudar.
Es cierto que la distancia y el tiempo nos separan más de lo que yo quisiera, pero las pocas veces que hablamos por teléfono, o que intercambiamos e-mails, son un bálsamo dentro de mi estresada agenda, y un recordatorio del cariño que va más allá de profesor-alumno, de la amistad sin límites, esa que nace bendecida por Dios y tiene por eso la garantía de ser siempre nueva.
Feliz cumpleaños, amigo. Y gracias, Hermano Agustín, por tu amistad sincera y desinteresada de tantos años, que no pide nada y siempre da. Gracias por tenerme en tu corazón más que en tu agenda. Gracias porque TU ME ENSEÑASTE A VOLAR...
miércoles 25 de noviembre de 2009
Sudor, Saliva, Semen, Sangre, Silencio.

Pero bueno, eso le pasa a "los otros". Esa operaria de la máquina de doble aguja que no se ha quitado las gafas el día entero, esa señora que me sirve el café y que emite un gemido de dolor cuando tiene que alcanzar la parte alta de la despensa, esa mujer con el vestido destrozado que pide limosna en la esquina mientras llora, esos son los otros, las otras.
¿Y qué tal tu amiga de toda la vida, profesional, educada, brillante, a cuya boda asististe, la que se casó enamorada con el tipo que estudió en tu colegio, el que hizo el retiro contigo? Ella también, lamentablemente. Lloré con ella, de dolor y de verguenza, de impotencia y de frustración. Por estadísticas, alguien cerca de ti también lo está sufriendo. Callar no es una opción. La esperanza de que las cosas cambiarán no es una estrategia. Resignarse no es una salida. Denunciar, conocer, aprender, apoyar, asistir, ahora estamos hablando...
SUDOR
Maldita sea la hora en que te conocí, maldita la decisión de salir contigo la primera vez, y maldita sea la ignorancia de aquella adolescente estúpida que era en aquel entonces. Ya no soy esa chiquilla, aunque quizás siga siendo tanto o más estúpida que ayer. Maldigo los ocho años perdidos a tu lado, entregándote lo mejor de mí, viéndote transformarte poco a poco en la bestia horrenda, sudorosa, grasienta y peluda que eres.
SALIVA
Maldito seas tú, con tu olor a borracho inmundo y a perfume de puta barata. Malditos sean tus labios babosos y sucios que se quieren posar en mi cuerpo una y otra vez, y tus bíceps poderosos que me aprisionan cuando me niego y tu inmensa panza que me pesa como un lastre asfixiante cuando vuelcas tu asqueroso cuerpo encima de mí.
SEMEN
Maldita la hora en que aprendí a complacerte y a hacer el papel de esposa sumisa, porque eso fue lo que me enseñaron, porque eso era lo correcto. Aprendí a hacer el desayuno como tú querías, a hacer el amor como tú querías, pero tú apenas me mirabas, solamente sabías darme órdenes. Con el tiempo fui aprendiendo a no necesitar tu presencia, luego a desear tus ausencias. Hice un mundo paralelo en mi imaginación sabiendo que hasta ahí no podrías llegar. Fue allí a donde empecé a huir cada vez que tenía que entregarte mi cuerpo sin quererlo. De alguna manera tu lo descubriste y me gritabas mientras me violabas "en qué estás pensando, perra".
Fue en ese mundo que me refugié la primera vez que me empujaste contra la pared y me arrastraste por los cabellos en el suelo de la habitación. Recuerdo ese momento, pero he tratado de olvidar todos los que siguieron.
SANGRE
No entiendo cómo fue que dejé que las cosas llegaran hasta aquí, en qué momento empecé a dejar de ser yo misma para venir a ser esta porquería en la que tú has querido convertirme. No sé como vine a dar a este rincón de la sala, no entiendo qué hago aquí tirada como una muñeca de trapo, prisionera en mi propia casa. No entiendo qué hago en el suelo y a oscuras. ¿Y si me largara ahora mismo? ¿Irías a la policía, pendejo? Me gustaría saber qué descripción darías de mí: “Tiene cerca de treinta años, aunque parece mucho mayor. Tiene un moretón en el ojo izquierdo y cojea al caminar.” Tal vez si te escuchas diciéndolo llegas a abrir los ojos y te das cuenta del monstruo que eres.
SILENCIO
Y maldita yo, por no tener a donde ir, por no tener el coraje de levantarme de este rincón y empacar todo y largarme, por no tener el valor de decirte a la cara cuánto te odio.
Te odio, te odio, te odio por ser el animal enfermo y repugnante que eres, y me odio por seguir a tu lado, por sentir este miedo que me paraliza y por saber que tendré la cena lista para cuando regreses.
miércoles 11 de noviembre de 2009
Sálvame
mira que se hace tarde,
no todo está perdido,
tú puedes rescatarme.
Sálvame con tu abrazo de fantasmas pasados, de esos que surgen de la nada como virutas de humo, que por años me han hecho sentir esclavizado, que me quieren arrastrar con ellos al vacío, que inventan miedos nuevos cuando yo mato alguno de los que han traído, y que sólo pueden ser aniquilados con la magia de un abrazo lleno de vida, que entregue algo de sí, como el abrazo tuyo.Rodéame con la tibieza de tus brazos, envuélveme en tu cariño, transfiéreme la fuerza y la sutileza que traes entre hombros y manos. Tus brazos pueden romper maleficios, salvarme de la duda, librarme del hastío, indicarme la ruta de salida. Aloja entre mi pecho y mi espalda las caricias que traes en tu abrazo, allí hay campo abierto para que te instales. Y recibe a cambio mi abrazo, entiende que en él pongo lo poco que me queda, pero lo pongo todo.
Sálvame con tu abrazo de morirme de frío, rescátame de un mundo que se achica y se hiela, que me mantiene aislado, viviendo en cautiverio. Coloca tu corazón encima del mío, y transmíteme tus latidos antes de que el silencio se apodere de todo, para que se pueble mi alma y se expanda el universo. Arrópame en tu ternura, despierta lo que duerme dentro, y ahora abrázame más fuerte, hasta que nos convirtamos en luz.
Así está bien, se siente bien tu abrazo, pero ya está bien. Ahora suéltame, por favor. Anda, ya estuvo. Suéltame, por Dios, que me aprisionas. Ya basta, déjame ir... Me estás haciendo daño, no puedo respirar, ¡sálvame!
Suéltame, te lo pido,
tú puedes liberarme.
¡Sálvame, te lo pido,
que no quiero asfixiarme!
miércoles 28 de octubre de 2009
Palabras
Esto es lo que me ha pasado noche tras noche durante varias semanas, y no hallo la manera de romper el hechizo. Me tomo el café sentado, me organizo, me programo, y nada. Que las musas no existen, dice mi profe Chascas, y si contamos con ellas dejamos de escribir.
Y es en las páginas de Sputnik, Mi Amor, de Haruki Murakami, que encuentro este texto:
“Tengo la cabeza atiborrada de cosas que quiero escribir. Como un granero atestado de cualquier manera (…) Imágenes, escenas, retazos de palabras, figuras humanas... Están llenos de vida dentro de mi cabeza, lanzando destellos cegadores, y oigo como gritan: ¡Escribe!
Pienso que de ahí tendría que surgir una gran historia. Tengo la impresión de que van a conducirme a algún lugar nuevo. Pero, llegado el momento, cuando me siento frente a la mesa e intento traducirlo en palabras, me doy cuenta de que se pierde algo vital. El cuarzo no cristaliza, todo queda en pedruscos, y yo no llego a ninguna parte.”
Da coraje que hasta para decir que no puedo escribir, ya alguien lo escribió (Borges sostenía que ya todo estaba escrito, lo demás es hipertexto).
Lo mío son las palabras: habladas, escritas, leídas, cantadas, recitadas, pensadas, inventadas, rezadas, memorizadas. Sin ellas no puedo vivir, desde que imité por primera vez las que les escuchaba decir a mis hermanas y padres, desde que mi hermana Mónica me enseño a leer PAPA en mayúsculas, desde que descubrí que puedo expresar con ellas el más profundo sentimiento, describir la belleza y el dolor, convencer, enamorar, crear, destruir. Amo las palabras, las que están en mis paredes, en mi pantalla, en la calle, en la boca de mis amigos, en las páginas de mis libros, en mis sueños, en mis ojos… y ahora están al borde de la muerte. Si así fuera, yo moriría con ellas, sin poder usarlas para describir esta impotencia y este dolor de que me den la espalda justo cuando más las necesito.
domingo 13 de septiembre de 2009
Sigue
en tiempo y en espacio, y que por unas horas
pudimos escaparnos del azar y el destino
y no entender de pronto cómo es que hay gente sola
Glorioso fue el momento en el que tú me cambiaste
píxeles por pigmentos y pulsos por presencia
y ante mi enorme asombro te materializaste
y cambiaste de pronto kilobytes por fonemas,
y los fuiste juntando, construyendo palabras
que con gran puntería, paciencia y sutileza
cada una buscó un sitio en donde se alojaba
para quedarse siempre dentro de mi cabeza.
Memorable la noche en que nos convertimos
en sus cómplices mudos, para que no se fuera;
sin negras intenciones y con negros vestidos
nos burlamos del tiempo y la prisa traicionera
Bendita fue la hora, genial fue aquel momento
en que ya no eras ojos, sino mirada buena
que luego acompañaste con sonrisas y gestos
que repito en mi mente cada vez que yo quiera.
Eterno aquel instante en el que se rompiera
el muro de cristal tras el que te veía
y con todas tus tropas cruzaste la frontera
conquistando el espacio de tu boca a la mía
Sigue adelante, sigue, y toca tus trompetas
vas a ver poco a poco derribarse otros muros
no te detengas, sigue, ten la bandera enhiesta,
que yo te doy permiso, aunque no estoy seguro
de que quieras volver cuando cruces la puerta
de que quieras quedarte, de que exista el futuro
que aunque ya tienes nombre, y tu existencia es cierta,
no así lo que ha nacido en mi interior oscuro.
martes 18 de agosto de 2009
Es Más

Y ya que hemos llegado hasta aquí
no voy a oponer resistencia,
pues no quiero que te vayas
sin un premio de consuelo
o un recuerdo al que aferrarte
cuando suba la marea de la soledad.
Para que veas que no miento,
te permito usar mis manos,
te sugiero que las guíes con las tuyas,
a tu paso, a tu manera.
Llévalas donde haga falta,
imagina que te acarician
y que tienen interés en recorrer tu cuerpo.
Mis besos, te los alquilo,
has de saber que son ajenos
y que mientras no sean reclamados
puedes guardarlos en tu boca
para que no mueran en la mía,
pero no busques aprendértelos
porque son irrepetibles,
ni trates de adivinar su sabor,
porque la apatía no sabe a nada.
Para ocasiones como ésta
tengo a la mano algunas palabras útiles,
que aunque gastadas a fuerza de repetición,
todavía conservan su dulzura original
y que puede que funcionen
si se alojan en tu oído.
Tengo también disponibles
un par de sentimientos que no uso
y que pueden servir de algo en este momento.
Por ejemplo, no sé qué opinas:
¿Te parece bien que desempolve mi ternura?
Si quieres, puedes tenderte de aquel lado de la cama,
aunque también es ajeno.
No sé si te has dado cuenta,
pero lo conservo intacto,
por si el amor me visita.
Pero en lo que llega el día, te lo presto
con cuidado de no marcar tu silueta
ni de dejar colgados en él tus sueños,
porque cuando amanezca te los devolveré,
que aquí hace tiempo que no se sueña
y no me gusta guardar cosas que no necesito.
No te sientas mal,
pero es que este no soy yo,
por eso no importa si tomas el resto de este cuerpo.
Eso sí, si tus caricias no logran despertarlo
no te lo tomes de manera personal;
es que yo ya me he ido,
es que hace tiempo que no estoy.
Si es tan importante para ti
mostraré mi mejor cara,
fingiré estar interesado,
y ya que me lo pides, me voy a sonreir.
Fíjate bien que no he dicho que "te voy a sonreir",
pero te prestaré mi sonrisa
y así tal vez surja la tuya.
Después de todo,
no puede ser tan malo,
puede que hasta me acostumbre a ti,
puede que hasta sea real.
Es más, te voy a querer.
lunes 10 de agosto de 2009
Despedida
quieren explorar tus manos, quieren jugar con la brisa,
en cambio mira las tuyas, se cierran sobre sí mismas,
no tienen nada que darme, están inertes y frías.
Mis ojos nunca se cierran en su elocuencia infinita
absorben toda belleza, y al verte es cuando más brillan
y no son como los tuyos, que no miran, no me miran,
solo miran hacia adentro, y al resto del mundo evitan.
Mi piel es calor y vida, es un lienzo en el que un día,
dibujaste con tus dedos, con sutileza y sin prisa,
el mapa que hacia el futuro feliz nos conduciría,
pero eso fue en otro tiempo, cuando tu piel no era fría,
cuando era una piel bronceada, no esta membrana ceniza.
Mi boca recita y canta, del aire besos fabrica,
se llena de carcajadas, sabe cantarle a la vida,
y aún se acuerda de tus labios, de cuando ellos sonreían,
de tus gemidos ahogados, del néctar de tu saliva,
y esa boca ya no existe, esa boca que era mía,
ahora solo queda un rictus, una mueca deslucida.
Mi memoria está repleta de imágenes tan bonitas:
todas las cosas pasadas, todas las cosas vividas,
y a diferencia del tuyo, mi corazón aún palpita
y no lo ha contaminado tu indiferencia maldita,
en cambio tú no recuerdas, en el mundo en el que habitas
sabe Dios qué cosas piensas, si es que piensas o dormitas.
No me diste explicaciones, no quisiste despedida
y aquí estoy delante tuyo con mi dignidad vencida.
Aunque estés tan elegante, en tu sobriedad tranquila
de tu encierro satinado te suplico, sal, mi vida.
No me importa que me ignores, tampoco tu alexitimia,
ni este olor a crisantemos que me cansa y que me asfixia.
Vuelve a mirarme, te ruego, como en una letanía,
"Thalita Kumi" susurro, "Thalita Kumi", alma mía.
jueves 30 de julio de 2009
Spanglish
Después del éxito de Oscar Wow todo se vale en materia de lenguaje. No es de extrañar de parte de Junot Díaz, que ha masticado desde chiquito cultura DoYo. Tampoco es raro es que un carajito cualquiera de hoy, aún sin haber estudiado en un colegio Saint Someone, te hable en un Spanglish malo o quizás un Inglañol mediocre, ya no con anglicismos como lo podría hacer yo, sino con frases construidas tipo: "So, ¿y entonces? ¿Vamos a ir al party? Yo pienso ir como a la midnight, a esa hora es que se pone cool, you know?"En mi trabajo, por ejemplo, estamos hablando en Spanglish constantemente, con el agravante de que lo hacemos mezclando acrónimos en inglés: "Cuando acabe con lo del BCP me voy a poner a trabajar en el PDP, así que espero que me dé tiempo a revisar un par de SOPs para poder ir a la reunión de EHS". Lo grave del caso es que todos te entienden. Allí palabras como Rolear, Alocar y hasta Esquechulear son aceptadas como buenas y válidas en vez de desplegar, distribuir y programar. Parece divertido, como si fuera un idioma particular.
Mi amigo Pepe, dominicano y cibaeño como el que más, desplegó sus velas hace años y se ubicó en los Estados Unidos. El tenía la molesta particularidad de responder en inglés a mis preguntas
en español, vez tras vez, en una misma conversación. No es gran cosa, pero imagínense ustedes nuestras largas conversaciones, yo en español y él en inglés. Aquello agotaba. Entiendo que Pepe empezó a desapegarse de nuestro idioma como estrategia de supervivencia, pero ya no solo habla, sino que piensa en perfecto inglés. Al menos eso tiene más mérito que el Spanglish.En fin, toda esta perorata es para justify el escrito a continuación, a propósito del post anterior sobre el privilegio y la happiness de vivir en este país. Aquí les entrego una Tenth, o más bien una décima, hope you guys like it, pero debo advertir con sadness que a pesar de su actualidad, fue escrita back in 1997. Dedicado a mi amiga Pik@, para que lo coja "Al Paso". Here it is:
La vida aquí está tan hard
y está tan mal el país
que ni el médico chinese
esto lo puede salvar.
Ya here no se puede estar
pues la piña está muy sour,
por eso no veo la hour
de yo poder run away.
Desde que encuentre una way
yo me voy con to'los power.
Le diré adiós a mis fellas
y me marcharé forever
a un sitio donde más never
tenga que light up con velas,
comeré rice y habichuelas
y de postre un apple pie,
gozaré fourth of July
y también el day de Duarte,
no estaré en ninguna parte,
y en ambas at the same time.
Aquí live uno matao
all the day cogiendo pique,
yo sacaré un one way ticket
y así me voy a get out.
My country, tan maltratao
lo voy a miss it de lejos.
I'm not gonna be pendejo
y en lo que dice eggplant
desarrollaré my plan
de irme pa' one place bien lejos
miércoles 22 de julio de 2009
Felicidad Inagotable
"La organización británica The New Economics Foundation hizo público un índice de felicidad, según el cual la República Dominicana es el segundo país más feliz del mundo"
http://www.diariolibre.com/noticias_det.php?id=206387

Me detuve a pensar seriamente: ¿Sería que aquello era parte de una campaña de expectativa publicitaria o acaso una broma del diario para equilibrar un poco el resto de las pesadas noticias de la semana?
Y no. La vaina era en serio.
Dejé de reírme y me sentí culpable de no hacerlo. ¿Sería que yo era el único que no se había dado cuenta del paraíso en el que vivo?
Varias horas de felicidad más adelante, y pasadas ya las seis de la tarde, saqué unos minutos para tomarme unas pastillitas de Ubicatex 500 mg y me di a la tarea de darme un Wiki-baño y encontrar otras estadísticas no publicadas:
- La R.D. ocupa el puesto 91 del Indice de Desarrollo Humano según la PNUD, bajando 12 puntos del 2007
- R.D. tiene mundialmente el puesto # 74 en PIB
- Mi país ocupa el puesto # 119 en esperanza de vida
- Más recientemente una amiga periodista me ubicó con el dato de que somos el sexto país en la escala mundial en la tasa de feminicidios
Ya no me dio el tiempo para averiguar índice de mortalidad infantil, tasa de alfabetización, presupuesto dedicado a la salud y educación versus obras lujosas y medalaganarias, índice de criminalidad y muertes violentas, inflación, corrupción...
Ah bueeeeno... entonces tiene que haber otra explicación.
Y me llegó a la cabeza el dicho famoso americano: "Ignorance is bliss" (La ignorancia es felicidad). Me imaginé a Freddy en la esquina famosa de la comedia "La política es un arte", y preguntándole al primer transeúnte que pasaba (llámese Cuquín Victoria): "Caballero, ¿qué usted cree del dicho "La ignorancia es felicidad?" Y el susodicho le contestaría: "No sé lo que significa, pero me siento muy contento".
Y en ese momento me reí de mi propia ocurrencia. Al darme cuenta de que me había reído par de veces en el día con tan dudoso estímulo, entendí que era parte de un país de gente que decidía ser feliz, no "gracias a " todo, sino "a pesar de" todo. Ahí sí hay que darnos un premio, por ponerles nombres graciosos a las gripes, por salir corriendo de un maremoto ficticio, por celebrar la Navidad tras el paso de las tormentas Noel y Olga, por beber para olvidar, por bailar en la calle, por aplaudir cuando el avión aterriza... Pero no es lo mismo ni es igual a ser denominado el segundo país más feliz del mundo, que tener la gente más aferrada a la felicidad aún cuando se la está llevando el diablo. Es la diferencia entre ser violado a la fuerza o disfrutar la violación.
Mientras iba de vuelta a mi casa por una calle oscura y llena de hoyos
, me llegó a la mente el slogan publicitario que tanto se pegó: "República Dominicana: Inagotable". Y me moví a la página de la RAE para entenderlo:
Inagotable = que no se puede agotar
Agotar = 1. Extraer todo el líquido que hay en una capacidad cualquiera. 2. Gastar del todo, consumir (Agotar el caudal, las provisiones, el ingenio, la paciencia). 3. Cansar extremadamente.
De repente todo tuvo sentido. Inagotable nuestro bolsillo que sigue sacando para pagarle los sueldos a cientos de miles de botellas del gobierno, inagotable nuestra paciencia cuando nos suben la energía sin razón y nos dan ocho horas de apagón, inagotable la esperanza de que en las próximas elecciones la cosa va a cambiar, inagotable nuestro estoicismo rayando en pendejismo.
¿No sería que el publicista se equivocó por tres letras y en realidad quiso decir "República Dominicana: Inaguantable"?
Y claro, me volví a reír. La verdad es que me he reído mucho hoy.
¡Aaaaah, qué feliz soy!
miércoles 8 de julio de 2009
Como el Café

caliente, como tu piel
dulce, como tus palabras
exquisito, como tú
Escaso, como tus besos
líquido, como mi anhelo
oscuro, como tus planes
fuerte, como lo eres tú
Como al café, yo te busco
en mi rito matinal
y tu aroma me convida
dándome la bienvenida
a la vida
soy mortal
Como el café, vas subiendo
fruto de la ebullición
y siento que va creciendo
todo lo que llevas dentro
mi sustento
mi adicción
Como el café, me estimulas
cuando mi boca humedeces
me aceleras y me excitas
me despiertas, me aterrizas
me energizas
me enloqueces
Como el café, me provocas
y me empapas la ansiedad
te sujeto entre mis manos
y con los ojos cerrados
yo te aferro
no te irás
Como el café, te consumo,
lento y sin apresurar
mis labios ya sin estorbo
disfrutan de cada sorbo
quiero todo
quiero más
martes 16 de junio de 2009
Sueño de Una Noche de Verano
Soñé que estábamos solos
en una sala vacía,
que aunque estaba oscura y fría
cada vez que sonreías,
tu calidez se sentía
y se iluminaba todo
Soñé que me divertía
y que estábamos sentados
codo a codo, lado a lado
y que en un momento dado
mil palomas emigraron
de tus manos a las mías
Soñé que estaba en un viaje
y tú en otro diferente,
pero en medio de la gente
me apareciste sonriente
sin pasaporte vigente,
ni billete ni equipaje
Luego soñé con tus brazos
y que te salieron alas,
y que había un circo de hadas
en el medio de la sala.
La distancia se hizo nada
y parimos un abrazo
Llegué a mi casa pensando
que mientras más yo te veo,
tanto más yo me recreo,
y me abracé con Morfeo,
que entendió que mi deseo
era seguirte soñando.
domingo 14 de junio de 2009
Como Inflar Un Globo
Instrucciones para Inflar Un Globo
Conozca primero las partes del globo, a las que nos referiremos en lo adelante llamándoles cuerpo, cuello y boca.
Boca es el orificio del globo, cuerpo es la parte mayor, usualmente en forma ovalada o circular, y cuello es el conducto que une las dos anteriores.
1. De una mano elegida por usted, pónganse el índice y el pulgar en el cuello con levedad. Luego coloque los labios en la boca, y con la mano libre agárrese el cuerpo.
2. Apriete con sus labios la boca, y con sus dedos, estire el cuello para prepararlo para la transferencia de aire.
3. A seguidas inspire el aire a través de la nariz y expúlselo desde sus pulmones hasta la boca, mientras su pulgar y su índice liberan el cuello, sin soltarlo del todo, para que a través del mismo pueda llegar el aire al cuerpo y la transferencia se complete. Solo entonces debe usted apretar el cuello para que el aire no se le salga. Con la otra mano agárrese el cuerpo, el cual irá creciendo a medida que el aire penetra.4. Repita este procedimiento varias veces, hasta que el cuerpo haya alcanzado la forma y tamaño deseados. Después de cada transferencia, es importante tantear el cuerpo con las yemas de los dedos, como comprobación de que no está muy dilatado. Usualmente tras la quinta o sexta transferencia, es momento de parar.
5. Finalmente, amarre el cuello en un nudo, de manera que a través de la boca ya no pueda entrar más aire al cuerpo.
6. Cierre la boca (la suya). Afloje el cuello (el suyo). Dele descanso al cuerpo (al suyo).
domingo 31 de mayo de 2009
De Niños y Dinosaurios

Abrió los ojos y lo buscó. De alguna manera esperaba ver al dinosaurio, como cada mañana, al lado de su cama, solo que esta vez no tenía miedo. En vez de gritar auxilio y esperar a que su madre acudiera a salvarlo como siempre, esta vez se paró en la cama, con las manos en la cintura y un gesto rudo en su cara, copiado de su héroe favorito de la televisión.
Lo señaló con firmeza, y el dinosaurio empezó a achicarse. Sonrió levemente, sabiendo que finalmente le ganaba la batalla al monstruo. El dinosaurio fue cambiando de color, dejó de ser verde y pasó por diferentes tonalidades grisáceas hasta que finalmente llegó a ser marrón. El niño, en cambio, se fue haciendo gris.
Por un momento le dio miedo, pero ya no podía echar atrás. Con horror se dio cuenta de que no era el dinosaurio que se achicaba, sino él quien crecía.
Quiso gritar con todas sus fuerzas, pero en ese momento se oyó otro grito. Cuando se abrió la puerta, ya no fue su madre quien entró, sino un niño muy parecido a él, que corrió hacia donde estaba y lo abrazó por la cintura mientras lloraba de miedo.
El dinosaurio, obviamente, ya se había ido.
domingo 24 de mayo de 2009
Como el Aguacero
Lo recibió alguien que llevaba capota impermeable y paraguas, o sea que no llegó a empaparse, o sea que no le pertenece a nadie, o sea que es mío. Y ahora de ustedes. Chopló, chopló...
COMO EL AGUACERO
Haces tuya mi morada,
te vas metiendo en silencio,
poco a poco, persistente,
eres como el aguacero.
Te conviertes en torrente
dentro de mí, muy adentro,
cualquier barrera que exista,
la derribas con tus besos.
Tu sudor y tu saliva
humedecen mi desierto,
arrasan todo a su paso
y dejan el campo abierto.
Y las lágrimas caídas
lavan dudas, penas, miedos,
para que surja con fuerza
nueva vida, brotes nuevos.
Yo soy el campo reseco
y tu amor el aguacero.
Pero todo tiene un punto
y se anega el sentimiento
y el espíritu se cansa
de ver el cielo tan negro,
y me inundan las promesas
pero no llueven los hechos,
y se filtran las palabras
pero no moja el empeño,
y lo que era brisa suave
se convierte en viento fiero.
Soy la tierra saturada,
soy el sol buscando cielo,
soy la presa rebosada
y tu amor el aguacero

lunes 18 de mayo de 2009
Dicen que se nos fue Mario
Dicen que mi amigo uruguayo se ha ido. El hombre que me ha acompañado en mis amores, el compañero que ha dicho lo que yo no he podido decir, el poeta que me ha robado las palabras para expresar mi sentir sobre el amor, el desamor, la pasión y la vida, el que ha marcado mis derrotas sentimentales y mis aciertos afectivos con sus poemas. Y aún en los períodos de apatía, cuando el amor parece ya una cosa lejana, me resuena en la cabeza su voz que me dice “No te Salves”. Son suyas esas tres simples palabras que me han metido en deliciosos problemas y han llenado mi vida de capítulos dolorosos y dulces, y que indefectiblemente lo volverán a hacer.
No puede haberse ido, si hace poco estuvo aquí. Hace tiempo que está aquí. Lo estoy viendo desde pequeño en uno que otro libro en casa de tío Jorge y tía Grecia, aunque entonces todavía no lo conocía. Lo estoy oyendo desde mi adolescencia en canciones basadas en sus poemas, que originalmente cantaba Nacha Guevara y luego en mi país Sonia Silvestre. Desde ese entonces me aprendí Todavía y Mucho más que Dos, entre otros. Busqué más de él y encontré Hagamos un Trato, y con mi mejor caligrafía lo transcribí en un papelito a uno de mis primeros y fallidos amores.

Hace más de 20 años que Mónica mi hermana me regaló dos libros suyos de cuentos (entre ellos "La Muerte y Otras Sopresas", mira tú) , y fue asombroso entender que Mario tenía la misma destreza para mover los hilos de mi mente y de mi corazón tanto en verso como en prosa. Luego leí su novela La Tregua y ya entendí que él no era normal. No conozco otro caso de alguien que domine con éxito los géneros de poesía, cuento y novela con tanta maestría, que hable sobre sentimientos y sobre política con tanta naturalidad, que verbalice lo cotidiano y lo trascendente con igual fluidez. Por cierto, releí La Tregua hace varios años y volví a sonreír y a sentir el mismo nudo en la garganta que sentí la primera vez.
Hace ya catorce años que Marcela, sabiendo lo mucho que disfrutaba sus poemas, me regaló una breve compilación de los más populares, y desde entonces ese libro me ha acompañado en seis mudanzas y otros tantos intentos de hallar el amor. Cuando finalmente lo hallé (de la mano de sus poemas, claro), ese alguien que sabía lo mucho que yo amaba esos poemas, utilizó uno de mis preferidos para asestarme un golpe mortal y socavar los cimientos de mi alma. El antídoto a tan mortal veneno fue tan genial como encontrar otro poema del mismo Mario que contrarrestó los efectos del primero.
Dicen que tenía 88 años, pero se me hace difícil creerlo. Alguien que sabe tanto de amor no envejece. Dicen que murió, pero en esta habitación resuenan sus poemas, de su propia voz y de la mía, a veces en libros, a veces en CD, y siempre en las paredes azules que tenían sus trozos de poemas escritos, y que ni dos manos de pintura lograron borrar de mi mente.
Dice el escrito que leí: “Fallece el poeta Mario Benedetti a los 88 años”, y de repente mi mente hierve, y de un salto me paro y voy al librero, y hojeo de nuevo “El Amor, las Mujeres y la Vida”, y leo un fragmento de un poema suyo:
“Hay días en que abro el diario con el corazón en la boca
como si aguardara de veras que mi nombre
fuera a aparecer en los avisos fúnebres
seguido de la nómina de parientes y amigos
y de todo el indócil personal a mis órdenes”
Dice el artículo: “Fallece el poeta Mario Benedetti a los 88 años”, y de repente mi corazón arde, y de un brinco me paro y corro de nuevo al librero, y hojeo de nuevo las páginas ya marrones de “La Tregua” y ahí está la ironía, con sus propias palabras:
“Quizás hagan bien en decir falleció, porque eso suena tan ridículo, tan fino, tan lejos de Avellaneda que no puede herirla, no puede destruirla. (…) Murió. Avellaneda murió, porque murió es la palabra, murió es el derrumbe de la vida, murió viene de adentro, trae la verdadera respiración del dolor, murió es la desesperación, la nada frígida y total, el abismo sencillo, el abismo".
Dicen que Mario murió.
Y si acaso fuese cierto,
como quiera sus palabras no están muertas ni perdidas,
están vivas en mis ojos,
y viven en los oídos de mis pasados amores,
y también en los oídos de otros amores futuros,
y en los oídos de todos los amantes que algún día
se han nutrido y nutrirán
con el lenguaje más bello:
el lenguaje del amor.
Dicen que falleció, que murió Mario Benedetti. Solo puedo terminar con las palabras que empieza uno de sus poemas que más aprecio:
No lo creo todavía.
martes 28 de abril de 2009
Llorando por ella... La más bella
A continuación una pequeña locura, manchando una historia casi sagrada en mi memoria, porque este blog aguanta de todo...
“Diantre, pero es de verdad que se fue y me dejó solo”, dijo el más viejo del grupo antes de beberse el fondito de la quinta cerveza de la noche. Lo dijo para sí mismo, pero su compañero del lado lo escuchó y se hizo eco del lamento, casi en forma de gruñido: “No se puede creer en las mujeres, son todas iguales” mientras se dirigía a la nevera a buscar más cervezas.
“Yo pienso que ella vuelve, amigo”, le dijo el que estaba sentado en el fondo, viendo por la ventana el cielo nocturno con un aire medio de poeta, medio de tonto.
El que estaba al lado de la nevera destapó otra fría para sí y una para su compañero de la izquierda, solo para darse cuenta que éste se había dormido encima de la mesa.
“Ah caray, este pendejo se volvió a dormir, no sé qué maldito cansancio es que tiene siempre. Toma tú, bébetela”, le dijo al único que tenía la gorra puesta a esa hora de la noche. El interpelado estornudó y se sacudió la nariz con un pañuelo.
“Ah no, echa para allá, mocoso de porra”.
"Mire, mocoso es usted, la verdad es que no hay vaina más arrogante que un hombre chiquito", le respondió con voz gangosa camuflajeda por el pañuelo.
“¡Carajo, quién me acompaña a beber!” insistió con la misma rabia. “Tú, siéntate aquí y acompáñame”.
“¿Quién, yo?” preguntó con más miedo que vergüenza el que estaba sentado aparte, en la esquina.
“Sí, tú mismo, ven”. Se acercó tímidamente y tomó la cerveza, esperando a que el primero tomara de la suya para él hacer lo mismo.
“¡Ay, se me fue, ay, ella era la única que me entendía!” su expresión de rabia cambiaba a tristeza de una manera súbita cada vez que se despegaba de la botella. En ese momento se abrió la puerta y entró el que faltaba:
“Saludos, linda noche, ¿no?” dijo con una sonrisa que contrastaba con el ambiente sombrío que reinaba allí.
“Cierra esa puerta, que me entra una brisa fría y eso es lo que me tiene malo”, dijo el de la gorra antes de estornudar de nuevo.
“Hermano, eso es alergia, pero usted verá como se sana pronto”, dijo el recién llegado para animarlo.
“Si ella estuviera aquí me habría hecho un té de esos que ella me sabía hacer”, le respondió el otro.
“En verdad que damos pena, un grupo de hombres solos, llorando por la falta de una mujer”, dijo el más viejo mientras despellejaba la etiqueta de la botella vacía que tenía ante sí.
“Y pensar que se fue con ese tipo, y delante de mis ojos”, decía el más rabioso entre reproche y lamento, mientras le echaba el brazo al del lado que se quedaba inmóvil y retraído.
“Habla bajito que vas a despertar a este”, dijo el que había llegado de último, y prosiguió: “Bueno, señores, yo me voy a acostar, mañana va a ser un mejor día”.
“Yo también me voy a dormir, esta medicina para la gripe me tiene con un sueño del carajo. ¡Camina tú, deja de estar pensando en pajaritos preñados!”, le dijo al de la ventana, quien acto seguido abandonó su sitio y les siguió. Se despidieron los tres, dejando al resto en el mismo estado lamentable en el que habían pasado el resto del día.
“Yo lo que más extraño de ella era su manera de ser, tan alegre, tan cariñosa”. Quien hablaba así era el más viejo.
“Tú lo que querías era quien te hiciera los oficios de la casa, buen pendejo”, le decía con un tono irritado su compañero, “yo la extraño porque la quería de verdad, y ella era linda”. Al oír estas palabras, el que estaba a su lado suspiró y se ruborizó, y rompiendo su silencio dijo en voz baja mientras miraba sus zapatos: “Con su permiso, me van a disculpar, pero yo me debo ir a acostar”.
Cuando hubo cerrado la puerta, los que quedaban se miraron con ojos de pena, comprendiendo la tristeza del otro. Llorar por una mujer era algo que los unía... aún cuando ésta fuera la misma mujer. De repente se oyó un ronquido y se acordaron de la presencia del que se había quedado dormido.
“Salud, carajo”, dijo casi llorando el quejoso, que seguía bebiendo sin parar. “Salud por nosotros, y por la mujer más bella que existe, coño”.
El viejo le dio unas palmadas en el hombro: “Amigo, debes parar de beber ya”, y finalmente, en una voz estropajosa y ahogada, el tipo ya no se quejó más, sino que arrancó a llorar, y con mucha rabia casi gritó:
“¡¡Ay Dio’ Blancanieve’ tú sí que me hace' falta!!”




