Hace ya casi
dieciocho años que tuve el privilegio de ser tío y poder participar del mágico
momento de dormir a un bebé. Con aquel bebito amado recostado sobre mi pecho empecé
a cantar la misma canción de cuna que me cantaban a mí: "Linda palomita, la que yo adoré, le nacieron alas y voló y se
fue". Y de repente paré la canción en seco, porque aquello me daba
tristeza, Traté en vano de buscar en mi mente alguna canción apropiada para la ocasión
y acabé cantando "You'll be in my Heart", de Phil Collins, la cual
estaba de moda en el momento y resumía muy bien mis sentimientos por mi sobrino
Jean Paul.
Al nacer mi segunda sobrina,
Isabelle, las veces que me toco dormirla yo aprovechaba para repasar mis
lecciones de italiano, contando los números en ese idioma, y ya como por el settantadue había caído redonda con la monotonía
a la que había sido sometida la pobrecita.
Así me tocó ver crecer
en las últimas dos décadas cinco sobrinos que nos han hecho ver desde Barney
hasta Peppa la Puerca, pasando claro está por los detestables Teletubbies y
algunas otras aberraciones, cada uno de ellos con cancioncitas estúpidas que
hubo que tararear en su momento. Sin embargo, con el tiempo he llegado a pensar
que es preferible el cancionero moderno y no el arsenal de tristeza y pesimismo
en el que consiste el cancionero tradicional con el que fui criado.
Hace tiempo hice
un análisis de por qué mi generación es tan dramática y cursi (ver la entrada
de este blog "¿Cursi Yooooo?"). Pero yéndonos un poco hacia atrás,
entenderemos muchos aspectos del comportamiento y las actitudes de nuestra generación, si le ponemos atención
a las canciones infantiles con las que crecimos. Freud se daría gusto
buscándole el sentido a muchas de las “inocentes” y entretenidas cancioncitas
con las que crecimos. Yo haré lo que pueda en las siguientes lineas para abrirles los ojos a mis lectores.

Y siguiendo con
el tema de la vagancia, “brinca la
tablita, ya yo la brinqué, bríncala tú ahora, que yo me cansé”, nos muestra
cómo el tema de la excesiva delegación de tareas ha estado presente desde siempre. Yo no
tengo quien brinque la tablita por mí en el trabajo, una lástima. Ni tampoco he
encontrado para casarme una viudita de la
capital, como el demandante y quisquilloso “Arroz con leche” que en estresante obsesión quiere que sepa coser,
bordar y poner la aguja en su mismo lugar.
Luego resulta que
nuestra generación abrazó el sadismo en su máxima expresión con inocentes cancioncillas
como “Yo tiré mi gato al agua, pero el
gato no se ahogó”. Doña Juana, que observaba la escena impávida, es
cómplice de tal atrocidad. Pero deja tú el gato, no hay cosa más bella que “Me casé con un enano para poderme reír”,
dale con el matrimonio feliz y la esposa sádica. Y para rematar, los maderos de
San Juan, que “piden queso y piden pan, y
no le dan”, no tiene nada de gracioso. ¿O acaso era yo el único niño
preocupado por esos maderos? De igual manera, es muy probable que yo fuera era el único niño que
consideraba la desagradable consecuencia de Pin Pon (que era muy guapo y de
cartón) lavándose la cara con agua y jabón, y me lo imaginaba desfigurado al
pobre como consecuencia de su afán por la higiene.
¿Y qué decir del pesimismo enraizándose en nuestro interior
desde temprano?: La cucaracha ya no puede caminar, el barquito no podía
navegar, al alimón que se rompió la fuente, la muñeca la saqué a paseo y se me constipó, en el bosque de la
china la chinita se perdió, y pulgarcito se subió a un avión que se le acabó la
gasolina. ¿Quiere decir que no se puede ni caminar, ni pasear, ni viajar, ni
explorar, ni navegar? Pero qué va, si podemos jugar en el bosque "mientras el lobo no está", o irnos a la playa sin temor a "la víbora, víbora de la mar".
Pero si a pesimismo vamos, todo eso es solo un ensayo comparado con la
maravillosa letra de “Mambrú se fue a la
guerra”, toda una historia trágica donde las haya. No se sabía cuando
venía, y tras una angustiante espera llegaron los soldados a traer la noticia,
y resulta que Mambrú regresó con los pies para adelante en una hermosa caja de
oro y cristal.
Pero nada como la
pesimista y trágica historia que recoge una serie de eventos desafortunados al
cantar que “yo tenía diez perritos, uno
se perdió en la nieve, nada más me quedan nueve”, y así sucesivamente hasta
aniquilar irresponsablemente a toda la población canina. Con razón después de
que se murió mi perro Pixie, nunca volví a tener uno, no fuera cosa.
Nada como una
cancioncita infantil para que el niño vaya aprendiendo desde temprano los
efectos de la crisis: Los pollitos tienen hambre y tienen frio, el chorrito de
la fuente se hace chiquito, y el ratoncito Miguel nos recuerda que “la cosa está que horripila y mete miedo de
verdad, y usted verá como de hambre un ratón se morirá”. Hermosas letras,
solo comparables a las de La Patita que se ha quejado de lo caro que está todo
en el mercado. Disfuncional la familia palmípeda, pues su esposo es un pato
haragán y perezoso que no da nada para comer, pero la muy despiadada pata, cuando
le pidan, contestará, al mejor estilo de María Antonieta, “coman mosquitos”.
Qué madre tan cruel.

Sé que se me quedan
muchas, pero la idea está clara. Pesimismo, sadismo, mal ejemplo, crueldad, tristeza, y así crecimos y nos convertimos en los adultos que somos. Es por eso que aprovecho este medio para hacer un llamado a los tíos y tías,
madres y padres modernos, para que sigan dándose su alienante dosis de Discovery
Kids con gusto, y para que disfruten mucho al dinosaurio púrpura afeminado y
sus canciones gangosas (si es que todavía existe), pues a fin de cuentas, por más
que le he buscado la vuelta no he podido hallarle nada de malo a “Te quiero yo,
y tú a mí”…
7 comentarios:
Simón!!!! Jajajjajajjaja lo volviste a hacer! Me hiciste el día con este post, sobretodo imaginarte contándolo en persona. Un abrazo!
Jajaja, acabo de entrar en el proceso de depuración del cancionero personal.
Gracias por este post Simón, que Dios bendiga tu creatividad, y a pesar de que no quita lo gracioso deja un gran mensaje, el cual es parte de nuestra realidad y que a veces los padres con este tipo de canciones le crean un estilo de vida a sus hijos inconscientemente y dependiendo de cual sea el resultado, se preguntan por qué?
Haciendo un recuento de las canciones que mas me gustaban hoy en día se esta viviendo esta realidad, por ejemplo:
"Musa tátara musa, BOLSILLO PELAO siempre esta arranca’o" me explica por que no salimos de una olla eterna.
Y lo que es tendencia hoy en día son las Chapiadoras, me imagino que la canción que mas influyo en este fenómeno que esta arropando al mundo es:
"Mariquita, Mariquita, Mariquita abusadora, El hombre que a mí me gusta, Se lo quito a su señora. Se lo quito, se lo quito, Se lo quito de la vera y a ella después la pongo, De sirvienta y cocinera". JAJAJAJAJJAJAJAJA
Jajajja!! Cuanto te disfruto Simon!!! Sin desperdicio!!! Me llevaste lejos!!! GRACIAS!!! Eres realmente una mente brillante!!!
Jajajajajajaja, Reny, cuánto reirme con tu comentario, eres genial
Yo twngo 42 años y aun no he podido comer un high. 😭
higo*
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