"Ay, no te vayas, quédate otro ratito
más". Me decía
esto en cada una de mis acostumbradas visitas a su casa y yo, a sabiendas de
que así sería, empezaba a despedirme desde temprano, así la complacía. Total,
que entre un ratito y otro se nos pasaban dos horas o más volando. Estas
visitas empezaron mucho tiempo atrás, al acabar un ensayo de los 15 de Giselle,
al terminar de estudiar con Kathy, su hija de AFS, al detenerme en su casa a
pedir un vaso de agua antes de subir la cuesta de los cerros a pie. Pero se
hicieron mucho más frecuentes desde que dejé mi ciudad natal, y a lo largo de
los últimos quince años, hice costumbre en mis visitas a Santiago pasar por su
casa y sentarme en su sala, escuchar sus cuentos y contarle los míos, y reírnos
juntos.

"Lucre, pon café para Simón Eduardo. ¿O tú
prefieres un té? Yo guardo esa caja de té que tú me regalaste". Recordaba cada regalo, por más
simple que fuera, cual si estuviese guardando un tesoro. A propósito, la última
vez que la vi, hace tres semanas, me dijo: "Ay,
aquellas cucharitas de chocolate, me acaban de regalar otras y me recordé mucho
de ti. ¿Y tú sabes una cosa? Aquella tarjeta tan linda que tú me regalaste la
conservo conmigo". Miguel su hijo que estaba allí se sonreía al
escuchar nuestra conversación. Ella se jactaba de que yo ya no era el hijo de sus
amigos ni el amigo de sus hijos, sino su amigo. Y así era. Y así se lo recordé
en el hospital. "Usted sabe que yo
no la estoy visitando ni por estar enferma ni por ser vieja, sino por ser mi
amiga" - le dije.

Como amiga,
era una fiel imagen del amor de Dios. Así, nunca hubo reproche, ni crítica, ni
juicio. Solo acompañamiento, solo amor, disfrutando el momento a plenitud,
trayendo a la memoria recuerdos y creando otros nuevos. Primero me ponía al día
con su descendencia siempre en expansión. Que si tal nieto se casó, que si tal
otro se graduó, que si tal hijo está en tal negocio, que si le nació otro
biznieto. "¿Cuántas de tus amistades
tienen biznietos? ¿Verdad que yo soy la única amiga tuya que es bisabuela?"
Luego empezaba
a recordar anécdotas de tiempos pasados. "¿Tú
te acuerdas de la vez del embeleco? ¿Y de Raquel imitando a María Ugarte?"
. Pero luego yo le pedía que contara la última anécdota, el último cuento,
porque todo lo suyo traía un sello de humor y de ocurrencias. "Cuénteme otra vez el chiste del club
Vistamar" le pedía, y volvía a reírme como la primera vez. Y le pedía
que me contara las anécdotas favoritas: que si el titular en el diario de ella
como asesina, que si el ladrón desnudo, que si las estampitas del ángel de la
guarda que no eran tal, que si el video de los 15 al cual Chemilo le cambió la
etiqueta... En fin, cuentos que solo los allegados compartían, y que me hacían
ser cómplice, audiencia y participante a la vez.
Se fue mi amiga Benilda a
juntarse con su amado Alejandrito. Y yo quisiera decirle como ella me decía:"Ay, no te vayas, quédate otro ratito
más", pero no puedo aunque tenga el corazón lacerado. Solo puedo
sonreírme agradecido al recordarla y pedirle prestada la frase de su canción:
"Esta misma historia continúa".
"Tú hace tiempo que no escribes", me dijo la última vez. "Voy a escribir sobre usted", le respondí. Y se sonrió, y sé que ahora lo vuelve a hacer al leer estas líneas, Y por eso así la quiero eternizar en mi teclado, como aquella amiga maravillosa que me regaló la vida. Habrá quien escriba sobre su inmenso legado como cristiana, como
ciudadana, como madre. Habrá quien hable de ella como impulsora del carnaval,
de ella como chef, de ella como emprendedora. Yo quiero hablar de mi amiga, la
de los cuentos, la de la risa, la que siempre fue joven. Fue el mismo Alejandro
Casona, el de las obras de teatro mencionadas, quien escribió esto en 1945 sin
saber que hoy le quedaría tan bien a mi amiga:
- Deliciosa mujer... ¡Qué garbo a su
edad!
- Va a cumplir setenta años de
juventud
- ¿Y es siempre así?
- Siempre; en el buen tiempo y en el
malo. Hay árboles que nunca pierden las hojas.
4 comentarios:
Enhorabuena Simón! Las palabras sobran!
Muy tierno y bello tu sentir de amigo que añora y eleva la amistad. Bellos tus sentimientos hacia doña Benilda.Es grandiosa la oportunidad que tuviste de compartir con un ser humano excepcional como ella. Eres un ser bendecido por la gracia divina.
Me encantó Simón. No conocí a Doña Belinda, pero a través de estas líneas me transporté hacia una mecedora en su casa y con taza de café en mano. Que ella pueda descansar eternamente en paz y que bendición que hayas contado con una amistad tan sincera como esa.
Un fuerte abrazo!
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