No pensé
encontrarme con él, mucho menos en mis vacaciones. De hecho, hace tiempo que no
lo veía, y confieso que hasta evitaba el encuentro, porque temía que iba a
resultar en algún reproche de su parte, bien ganado por cierto.
De modo que
me fui de viaje, aprovechando el feriado que traería su cumpleaños, y busqué por todos los medios posibles de llenar la agenda, de evadirlo, no toparme con él. Sin embargo, me
estaba persiguiendo, casi diría que acechando, asediando.
La primera
vez que me lo encontré, me sonrió. Como niño al fin, estaba jugando. Pero lo
curioso es que también logro que sus padres sonrieran. Aquellos padres en pleno duelo, que
acababan de perder una criatura de meses, y cuyo dolor se reflejaba en la
mirada ausente, en el cansancio y la desilusión. Pero llegó él, y les cambió en
un segundo el rictus de dolor por una sincera y hermosa sonrisa. Como dije, me sonrió a mí
también. Vi su hermosa sonrisa detrás del biberón, y sin palabras me habló de esperanza y nuevos comienzos.
Luego me lo
encontré en casa de mis padres en la víspera de su cumpleaños, y me habló de
agradecimiento. Esta vez tenía 80 años y un trago de whisky en la mano, pero
igual la mirada era de niño. Yo estaba en ese momento pensando lo mismo que había
dicho un par de días antes: “ya las navidades no son lo que eran, y nunca lo serán”,
y en ese momento, antes de la cena, él dijo algo muy simple y muy profundo,
mientras miraba a su alrededor, a nosotros: “Soy
rico. Soy millonario. Tengo todo lo que quiero aquí en mi casa y no tengo que
buscar nada más”. Y así sin más, me dejo pensando en mi propia riqueza. Y
me sonreí pensando que en un futuro recordaré esta como una de las navidades
que ya no vuelven, toda la familia completa, todos juntos, sanos, unidos.
La
siguiente vez que lo vi me habló de su tercer tratamiento de quimioterapia. Pero
entre líneas también me habló de aceptación y de paciencia. Aunque me explicó que los tres tratamientos recibidos no habían arrojado resultados positivos, al
hacerlo me sonreía, y me mostraba que seguía luchando con energía. Me enseñó
sus manos y sus pies llenos de ampollas, pero se enfocó más en disfrutar el
encuentro que en recapitular los tropiezos del año, Antes de irme hicimos un
chiste sobre su falta de pelo y lo comparamos con mi calvicie para reírnos
juntos a carcajadas.
Lo volví a
ver una cuarta vez, esta vez había vuelto a envejecer y tenía 87 años. Usaba andador, se movía
con lentitud, pero me habló sobre la amistad, y de cómo en 31 años hemos
cambiado tanto pero seguimos siendo los mismos, y de cómo ya no somos maestro y
alumno, sino hermanos, como siempre lo fue. Cuando me iba salió hasta la puerta
de la calle en su andador para despedirme, y se me puso el corazón chiquito porque no me perdió de vista con su linda
sonrisa hasta que desaparecí en el carro al doblar la esquina.

La última
vez que lo vi fue el día primero, inicio de año, víspera de mi viaje de
regreso. Estaba acostado en una cama de posición, de nuevo sin mucho pelo, con movimiento
limitado después de su tercera cirugía, debilitado por la quimio, y adolorido.
Pero una vez más estaba ahí su sonrisa, la misma sonrisa del hombre del
andador, del niño del biberón y del anciano discapacitado. Agarró mi mano y
quiso apretarla con fuerza, pero su mano empezó a temblar. Me miró, y en su mirada
me habló de milagros y decepciones, de enfermedad y familia, de recuerdos y
futuro, de fuerza y de dolor, de nacimiento y crucifixión. Y dijo que me quería,
Y yo le creo.
Después de
todo tenía razón, estas navidades no se sintieron igual que las de antes… Y yo me
alegro.
Epifanía - (tomado de Wikipedia)
Para muchas culturas las epifanías corresponden
a revelaciones o apariciones en donde los profetas, chamanes, médicos brujos u
oráculos interpretaban visiones más allá de este mundo.
Es también una fiesta cristiana en la que Jesús
toma una presencia humana en la tierra, es decir, Jesús se «da a conocer»
3 comentarios:
Mi primer pensamiento fue Waoo, el segundo, sin palabras, finalmente te agradezco por esta catequesis que nos brindas, gracias de el alma Simón.
Mi primer pensamiento fue Waoo, el segundo, sin palabras, finalmente te agradezco por esta catequesis que nos brindas, gracias de el alma Simón.
Gracias por siempre edificarnos con tus sabias palabras y vivencias. Dios te puso en mi vida de alguna forma, y no pienso sacarte de ella. Eres realmente especial. Un fuerte abrazo y una vez más. GRACIAS.
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